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Era una mañana de verano en la costa norte colombiana. La ciudad se alistaba para la jornada diaria y el sol ya se estiraba perezoso en el horizonte...
No obstante, varias personas, todas ellas extrañas en un país exótico y tropical, hacían fila en el check-in de la principal aerolínea que tenía su primer vuelo de conexión a las 6:00 a.m. Unas horas antes ya se estaba preparando el vuelo y todo parecía indicar que no habrían inconvenientes, como es usual.
La torre de control fue la primera en saber la novedad: mal tiempo en el aeropuerto de destino, y fallas en el sistema radar del sector norte del país... nada que hacer. Cientos de vuelos buscando llegar a, y otro tanto queriendo salir de Eldorado International Airport, que es el principal aeropuerto del país. Demora o desvío en vuelo, y aquellos extranjeros y nacionales madrugadores perdiendo una conexión, o sufriendo por un negocio a primer hora...
Sin embargo, dos controladores de tránsito aéreo TOMAN EL CONTROL de la situación. El primero de ellos, que había estado trabajando en el puesto desde las 6:00 p.m. del día anterior, gestiona los permisos correspondientes con media hora de antelación, y logra que el vuelo salga según la hora planeada. Ya no hay demoras. Sólo esperar que el clima mejore o se mantenga.
El segundo controlador, sin conocer lo que pasa, viene preparado para encontrarse con alguna situación, o con un turno tranquilo. Nada lo tomará por sorpresa. Sabe lo que tiene que hacer... y lo hace cuando recibe su turno. El primero se va tranquilo a descansar, porque está seguro que su compañero puede manejar el tránsito de forma segura, ordenada, y rápida... COMO DEBE SER.
El día comenzó bien, el vuelo salió a tiempo... y la impresora de planes de vuelo comienza a hacer un ruido recurrente: más aeronaves se alistan par salir, mientras otras ya estan en vuelo, acercándose a nuestro caribeño aeropuerto; el mar al final de la pista sonríe mientras el sol abraza cálidamente las playas románticas de Cartagena...
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